martes, 1 de septiembre de 2020

UTILITARISMO

 

UTILITARISMO

 

En el extremo opuesto a los idealistas, están los que guían su vida exclusivamente por el principio de utilidad. Es el principio que persigue el propio beneficio, para lo cual, si se emplea en su máxima expresión, quiere decir que, prácticamente el resto de las motivaciones no existen. Se pasa por encima de valores, afectos, derechos, etc. El principal obstáculo que tienen los que así proceden, es que, en ocasiones, dicho proceder tiene sus consecuencias, a veces legales, a veces de pérdida de credibilidad en las relaciones personales, comerciales, sociales. Los más astutos miden dichas consecuencias, antes de seguir el principio de utilidad. Son los utilitaristas inteligentes, que son capaces de valorar sus actos, y, también es utilidad, esquivar lo que les va a ocasionar más problemas que beneficios, aunque en un primer momento brille lo positivo como un cebo perverso.

Son personas que aportan poco a la sociedad en la que se desenvuelven. Suelen ser malos amigos, malos compañeros de trabajo, de cualquier fin que se proponga en grupo, aunque con frecuencia lo disimulan. Intentaran copar los puestos que les interesa, traicionando a los demás, utilizando métodos poco edificantes si así lo precisan para sus fines. Suelen ser astutos, o al menos lo pretenden. Son frecuentes en los líderes políticos, en empresas grandes y pequeñas, y en cualquier órgano de poder. En la vida política son muy frecuentes como demuestran diversos estudios que refieren que en el poder y alrededor de los diversos poderes, hay auténticos psicópatas, con el agravante de que disfrazan de ideales y de bien para la comunidad sus propios intereses. Son los tiburones que no se detienen ante nada con su nadar pausado y calculador.

Sin embargo, el utilitarista tiene algún área de sus valores en la que puede ser leal, como sus afectos más cercanos, e incluso algún símbolo que tal vez objetivamente no sea valorable, pero que convierten en fetiche.

El utilitarismo se justifica, si es para conseguir fines basados en ideales para la mayoría, aunque es un terreno resbaladizo porque hay que ponderar consecuencias negativas; no todo vale. Es otro tema para analizar con más profundidad. Además, en estos casos también hay no pocos protagonistas entre los políticos que identifican el bien de la mayoría con sus propios intereses.

La historia es terca.


Ángel Cornago Sánchez