martes, 17 de noviembre de 2020

DERIVA PELIGROSA

 

DERIVA PELIGROSA

 

Realmente, como ciudadano ya entrado en años, pero conectado al entorno en que vivo, estoy muy preocupado por la deriva de la situación política en nuestro país. Más incluso que por la pandemia que nos asola; la pandemia pasará en unos cuantos meses; lo que sobreviene puede dejar al país sometido tal vez para décadas.

El gobierno actual, ganó las elecciones legítimamente, pero “sin enseñar”, el proyecto que pretendía para el país. Considero que dicho proyecto empezó con Zapatero apoyado por poderes en la sombra, y retomado en el momento actual. El hoy presidente llegó al poder, no solo “sin enseñar” sus intenciones, sino afirmando exactamente lo contrario de lo que está haciendo, con objeto de instaurar un régimen social-comunista. Regímenes suficientemente experimentados en el mundo, que han ocasionado bienestar para sus élites, y pobreza para la mayoría, cuando no represión y violencia.

Están pactando con partidos separatistas, como catalanes y vascos, que pretenden el desmembramiento de España como país. Lo van a hacer con sus votos, proporcionalmente mínimos en número respecto a los habitantes del país.

Por otra parte, separatistas vascos a los que precisan y han precisado para aprobar los presupuestos y otras leyes, no han condenado la violencia. Hoy, los que mataron a más de ochocientas personas además de ocasionar miles de heridos, y sus cómplices, pensaran que sus asesinatos han dado su fruto; en realidad, la violencia ha sido justificada como método para alcanzar sus objetivos. Gravísimo: el todo vale es una deriva muy peligrosa.

Pretenden una escuela mediocre, con una formación aleccionadora, que prime la adhesión a los principios de su “movimiento”, que no valore el esfuerzo y la excelencia como primer objetivo. Tener en el futuro ciudadanos aleccionados en su religión política, poco formados, es positivo para su estrategia, porque saben que van a ser más fácilmente manipulables. La afirmación de la ministra. “los niños no son de los padres”, es cuando menos, inquietante.

Relegar el castellano como lengua vehicular es otra de los desaguisados que están perpetrando. Nuestro idioma es el segundo del mundo en número de hablantes.

Además, han metido sus manos en la justicia, con una fiscal General del Estado, antes ministra de este gobierno, y tratan de hacerlo en el Consejo General del Poder Judicial.

Todo esto, y más, en un momento en que nos asola una pandemia que está provocando miles de muertos, miles de enfermos, y una vida acotada para todos. No tienen empatía ni respeto a que los ciudadanos estamos adormecidos por la situación sanitaria y económica que nos asola. No es de recibo aprobar en este momento leyes importantes, sin el debido debate social. Es simple y llanamente, aprovecharse de las circunstancias de la pandemia para que pasen lo más desapercibidas posible. Me parece inmoral y miserable.

Para más “inri”, su forma habitual de comunicarnos está basada en utilizar hasta la saciedad de forma perversa las palabras “democracia”, “progreso”, “democrático”, etc., que significan exactamente lo contrario de lo que hacen. Su manera de informar es el postureo y la estrategia, elaborada cuidadosamente en su particular laboratorio, no para que entendamos, sino para disimular sus engaños y verdaderas intenciones.

Ángel Cornago Sánchez

Fotografía: propia. Flor de la hiedra invasora. Semeja al coronavirus.

 

 

sábado, 7 de noviembre de 2020

PENSAR CON RIGOR


 

PENSAR CON RIGOR  

 

Esencial en la educación, es enseñar y capacitarnos, para sacar conclusiones de los innumerables datos a los que hoy tenemos acceso para poder manejarlos con equilibrio y eficacia en las situaciones concretas. Dichos datos, no necesariamente debemos tenerlos memorizados, pero es importante que estemos formados y preparados para saber qué debemos buscar y donde, para resolver un tema concreto que nos interese. Y, fundamental, educarnos sobre la importancia de reflexionar sobre diversas opciones, manejar con equilibrio los factores que influyen, y decantarse por la que se considere más adecuada.

Además de trasmitir conocimientos, los educadores, deben tener introyectado, que el otro, y tan importante componente de la educación, es formar para ser buenos ciudadanos, respetando diversidades, sea de raza, creencias, opinión. El objetivo de la educación, debe estar mediatizado por dar contenido a la propia vida, con su parte lúdica, afectiva, y con su componente de responsabilidad en un mundo que debemos intentar sea más habitable, más humano, más justo; en definitiva, responsabilidad como ciudadanos, insistiendo en no dejarse arrastrar por fundamentalismos políticos o religiosos, que exigen seguir las directrices de los mandamases, sin permitir discrepancias.

Debemos ser libres, para lo cual debemos saber discernir en la maraña de intereses que tratan de intoxicarnos los diversos poderes. Su objetivo es alcanzar el poder para dominarnos; generalmente el poder político, detrás de los cuales hay poderes económicos en la sombra que los sustentan, generalmente disfrazados o camuflados. En ocasiones, es difícil discernir los buenos de los perversos, para lo cual hay que tener la mente libre y distanciarse de los acólitos, y de los intoxicadores. Es fundamental tener conceptos claros, ser críticos con la propaganda, y saber relacionar los datos necesarios para sacar nuevas conclusiones, en definitiva, conceptos propios.

Para eso hay que ser rigurosos en el raciocinio, evitando las contaminaciones interesadas o dependientes de las propagandas poco fiables, incluso, pasando por el tamiz nuestras propias ideas y opiniones para actualizarlas. En definitiva, ser librepensadores. Debemos tener en cuenta que los poderes, frecuentemente, tratan de utilizarnos y de engañarnos, sin ningún reparo para auparse en la cima, solapando sus intenciones con redimirnos y conducirnos a sus paraísos políticos, en algunos de los cuales, curiosamente, solo tienen libertad de decidir y de pensamiento los jerarcas correspondientes, quedándole al pueblo llano solo la posibilidad de obedecer. Son los dictadores de derechas y de izquierdas, que se sienten redentores; la historia nos ha enseñado repetidamente que son capaces de las mayores tropelías. También los partidos teóricamente aceptados como democráticos, frecuentemente recurren a estrategias y métodos oscuros para alcanzar el poder, cuando no incurren en corruptelas, incluso en grandes corrupciones, 

Cada cual con sus valores, puede, y debe discrepar si lo considera, pero es fundamental que el objetivo sea el progreso como sociedad, no alcanzar el poder por el poder.

Por eso debemos valorar, además de qué se dice, quien lo dice, porque hemos llegado a un punto en que la mentira y las poses son la estrategia, y forman parte fundamental de los mensajes cocinados que nos lanzan para manejarnos.

Ángel Cornago Sánchez

  

 



viernes, 30 de octubre de 2020

NUEVO ESTADO DE ALARMA

 

NUEVO ESTADO DE ALARMA

 


Vivimos momentos complicados. Por una parte, nos afecta una pandemia muy grave desde hace casi ocho meses, en la que han fallecido, probablemente, más de cincuenta mil compatriotas y que, no solo sigue activa, sino creciendo en una segunda ola que está de nuevo empezando a colapsar los servicios sanitarios, y sin signos de cuándo puede comenzar a decrecer y a desaparecer. Realmente nadie lo sabe.

Los ciudadanos estamos muy afectados, cada vez más, por el tipo de vida que llevamos desde hace meses por la situación. Hay personas que, en el primer confinamiento, el estar encerrados desencadenó o aceleró una demencia larvada, incluso algunas hubo que ingresarlas contrajeron el virus y murieron. Lo mismo, las personas de edad y las que padecen enfermedades crónicas, no pudieron hacer sus pequeños paseos diarios y el estar enclaustradas les ha afectado psicológicamente y físicamente, a algunas de forma severa. También por el duelo por los familiares que hemos perdido. Además, muchos están viendo mermados sus ingresos, y sus expectativas de futuro por la situación económica que se agrava por momentos.

Ante esta situación de tragedia nacional, echo en falta empatía con los ciudadanos por parte de nuestros gobernantes. Para ellos los muertos son números, no trasmiten pesadumbre ni dolor, hablan de números sin ser conscientes de que detrás hay personas, familias, y mucho sufrimiento, mucha tragedia. Sus puestas en escena, no son propias de personas que trasmiten empatía y comprensión.

Por último, se permiten declarar un nuevo “estado de alarma” durante seis meses más, sin tener datos objetivos para ello, cuando la población estamos sumidos en un clima de graves preocupaciones por la falta de expectativas de salud, económicas, y de calidad de vida. No digo que no vaya a durar ese tiempo la pandemia, pero, después de lo que llevamos pasado, es mucho más asumible ir renovando el estado de alarma si se precisa, cada mes, previa comparecencia de los máximos dirigentes, explicando al país de forma veraz la situación y las expectativas. Pienso que es una irresponsabilidad, una falta de respeto, y desde luego de empatía declarar el estado de alarma durante seis meses, sin tener datos seguros que lo justifiquen. En todo caso, los gobernantes en una democracia, tienen la obligación en situaciones de tragedia nacional como la actual, de comparecer periódicamente para explicarnos la situación y las medidas que se van tomando. La oposición tampoco está a la altura.

Poner encima de la mesa en este momento, la futura ley de eutanasia, cuando muchas personas han muerto por la propia pandemia y por una deficiente asistencia por falta de medios; cuando la mayoría de los que han fallecido son ancianos y enfermos crónicos, es, cuando menos inoportuna, y desde luego demuestra la frivolidad y falta de sensibilidad de las personas que nos gobiernan. Lo mismo que intentar colar de tapadillo, en estos momentos en que el interés y la preocupación general está en sobrevivir, otras leyes importantes.

Es un comportamiento, moralmente e incluso estéticamente, inaceptable de nuestros gobernantes.

Ángel Cornago Sánchez

 


viernes, 23 de octubre de 2020

LA POLÍTICA Y LOS APLAUDIDORES

 

LA POLÍTICA Y LOS APLAUDIDORES

 

Produce sonrojo la actuación de los líderes políticos y “su séquito”, cuando actúan ante las cámaras televisivas, ya sea en el Congreso o en entrevistas con la prensa.

Son escenas perfectamente planificadas, donde el gran líder, actúa, representa, explica una serie de mensajes que parecen ensayados en el espejo, con los gestos, la vestimenta y las faramallas que sus asesores consideran convenientes para vender bien su mercancía. El decorado de aplaudidores detrás de su amado líder, palmean con entusiasmo, muchas veces poco convincente y, otras, con aburrimiento mal disimulado. Hasta los tiempos en que prorrumpen en aplausos están preparados. A los que observamos la escena, al menos a mí, me producen vergüenza ajena. Pienso que tienen poca autoestima, o que la mayoría no saben o no quieren saber que solo están ahí para eso, para aplaudir: ¡Vaya destino!

Es en lo que ha caído la política, en representaciones vacuas, sin contenido, cuya finalidad es vendernos su mercancía sin explicarnos claramente la molla, a veces, obviando verdades y otras veces mintiéndonos descaradamente. Es pura estrategia faltándonos al respeto.

Los partidos y sobre todo sus líderes, tienen gran responsabilidad en la degradación de la vida política. Mienten, nos engañan, y cada vez lo hacen con más descaro e impunidad, para lo cual basan sus mensajes e incluso sus puestas en escena, fundamentalmente en estrategias, donde el coro de aplaudidores en el Congreso y en las presentaciones ante la prensa, son el decorado visual y sonoro habitual. Los del “coro” son simple manada, marionetas sin nada que aportar, solo ser el adorno del líder de turno para empezar a batir palmas a la orden prefijada; solo aplaudir y votar lo que les mandan.  Es el espectáculo degradante en que se ha convertido la política.


Ángel Cornago Sánchez

Fotografía: Zamora

 

 

 

 

 

viernes, 9 de octubre de 2020

DESLEIDO

 

DESLEIDO

 

A veces la visión de la realidad es desleída; no sé si desleída, desteñida, o más bien desenfocada. El estar demasiado orientado no es bueno. El ser cabal, correcto, seguir por el surco, con la manada y, además, voluntariamente, sin que te azoten, no tiene nada de saludable, es el último paso, ya no tienes solución, o al menos tienes mala solución.

            Solo te queda ser gregario, con ojos de mirada bovina, humilde, inocente, bueno. Más que inocente y bueno, idiota y resignado, aunque no sabes cuál va a ser tu suerte; no sabes nada, solo vives una vida tan superficial que, casi vuelas, pero en un vuelo ridículo, arrastrando las pezuñas por el suelo, y además, sonriendo con sonrisa de lelo. ¡Vaya papelón!

            No hay que desteñirse. Continuamente nos rocían con lejías para desteñirnos y que todos seamos uniformes, gregarios, que es lo que pretenden los poderes. Nunca hemos sido tan manipulados como en el momento histórico que vivimos. Vivimos en democracias manipuladas por los diversos y distintos poderes. Nos manejan para el consumo. También para ser dominados y ellos sentirse grandes mirándose en nosotros. Lo podemos asumir, pero siendo conscientes de que así es. No importa demasiado el partido político. Todos lo intentan.

            Los poderes políticos no durarían si no tuvieran detrás poderes económicos que los sustentan y los empujan según sus intereses disfrazándolos de ideologías.

            Su pedagogía se basa en la “estrategia”. Estrategia para intentar que seamos manada dócil con el poder político correspondiente. Para conseguirlo utilizan una sofisticada maquinaria social, en la que las figuras principales son los gurús, es decir, los expertos en la manipulación de los ciudadanos. No se trata de expertos para que entendamos mejor sus propuestas, sino todo lo contrario, expertos para ocultar sus verdaderas intenciones y vendernos lo que queremos oír, aunque no se parezca en nada a sus intenciones verdaderas.

            Por supuesto, para trasmitir esa estrategia es preciso contar con medios de comunicación “comprados”, literalmente, para extenderla adecuadamente y que los ciudadanos engullamos lo que pretenden. Se sienten tan impunes que no ocultan los óbolos a dichos medios de comunicación.

            Los ciudadanos, estamos cada vez más desleídos, más uniformes, más desteñidos, y, también “desleídos”, pero en la acepción de “poco leídos”, algo imprescindible para la fácil manipulación y para darnos gato por liebre. De hecho, desde la antigüedad, siempre, e incluso en el siglo pasado, los dictadores quemaban las bibliotecas, e incluso prohibían determinadas lecturas. No les interesan las personas formadas e informadas, con criterio propio.

            Luchar contra un rey feudal, contra una dictadura, era fácil en el sentido de reconocer al enemigo y motivarse en la lucha; se reconocía fácilmente al opresor, y era una motivación de justicia defender la libertad y la justicia. Actualmente los opresores van disfrazados, están rodeados de una guardia pretoriana, de acólitos cortitos pero miserables, y de una red de informadores que es muy difícil desbancar.

            Los ciudadanos, seguiremos siendo manada, con nuestra libertad secuestrada, viviendo del pan y del circo de nuestros tiempos, como “sálvame”, futbol, apuestas, porno duro… para no pensar demasiado y darle una emoción similar a las drogas duras, y poder sobrellevar nuestra vulgar cotidianidad.

 

Ángel Cornago Sánchez

 

domingo, 27 de septiembre de 2020

"UN LIBRO PARA LEER" artículo del DR. VICENTE MADOZ, reconocido psiquiatra. Director y fundador de la Fundación Argibide.

 

Un libro para leer

El ser humano nace con una carga genética hereditaria que, con el tiempo y la maduración biológica, irá configurándose como su temperamento. Paralelamente, a lo largo de toda su vida y de manera preferencial en sus etapas iniciales, en sus interacciones con todo lo que le rodea (entorno físico, contacto con otras personas, cultura que le controla y le dirige, y otras muchas periferias) irá desarrollando un aprendizaje que conformará también otra parte de su personalidad, dotándole de lo que llamamos su carácter.

En esta doble vía de desarrollo y crecimiento, cada ser humano deviene a ser ella o él mismo, iniciando y continuando el núcleo de su realización: la posibilidad y la necesidad de lograr que lo que eran sus posibilidades o potencialidades innatas al nacer se conviertan en sus cualidades y sus recursos personales en el acontecer de su historia.

Para que este proceso de llegar a ser nosotros mismos y de podernos convertir en nosotros, en nuestra esencialidad, se ejecute, es muy importante que cada uno de nosotros tomemos una parte activa y orientadora en el despliegue de las facultades que poseemos. Así, nuestra vida no será un mero transcurso automático, dejándonos subsistir, sino un discurso dirigido y gobernado por nosotros. Somos todos, y debemos serlo, dueños y autores de nuestra vida. Sin este compromiso no existiría nuestra biografía y nuestra existencia carecería de sentido.

En el fondo, la mayoría de las personas aspiramos a tener un estado permanente de felicidad, de satisfacción con nuestro propio ser, y para ello debemos potenciar dos grandes disposiciones en nuestra espiritualidad: la alegría, apuesta deleitosa por la vida, y la esperanza, confianza de poder lograr lo que nos proponemos.

Desgraciadamente, a menudo resulta difícil alimentar con éxito nuestro propio proyecto vital. Se habla mucho, demasiado quizá, de la abundancia de posibles trastornos psiquiátricos como la ansiedad las depresiones y otros, y del alto consumo de “pastillas de nervios” (hasta casi un tercio de la población las toma), pero quizá no seamos totalmente conscientes del mayor problema existente en este contexto: la falta de salud mental. Abundan las personas cargadas de amargura, de desaliento, de vacío existencial, de soledad y de otras carencias anímicas y espirituales.

Son muchos los seres humanos que en su proceso de autocreación tienen que liberar batallas íntimas en torno a alguno de los ejes de su quehacer personal: sobre su autoestima, en torno a su fortaleza y energía, alrededor de sus vivencias de culpa o de sus sentimientos de culpabilidad,  acerca de su seguridad en sí mismo o de la confianza en sus propias capacidades, y en otras muchas dinámicas propias del proceso evolutivo individual.

Estas realidades expuestas son, a veces, difíciles de entender y de aplicar en el día a día de la existencia cotidiana, pero, afortunadamente, en muchas ocasiones nos topamos con circunstancias que nos ayudan a recapacitar sobre ellas y a descubrirlas en situaciones sencillas del proceder ordinario. Una de estas oportunidades es el libro “Encuentros en la Abadía”, publicado recientemente por el escritor tudelano Ángel Cornago Sánchez.  El autor, como es bien sabido, es un gran profesional médico, arraigado en el quehacer sanitario más profundo. Es un libro entretenido y didáctico que hasta ahora ha podido pasar desapercibido debido a la crisis de la pandemia, y que yo me atrevo a recomendar a todos los lectores prudentes e interesados en la antropología humana. Es un texto fácil y cómodo de leer, cargado de experiencia humana y de consejos sabios, muy correcto desde el punto de vista psicológico y psiquiátrico, que trasmite una visión profunda e intimista de la vida personal y que anima al cultivo de la espiritualidad laica, de la responsabilidad personal y de una actitud ética ante la vida. Un libro de ayuda personal novelado, divertido e intrigante a veces. Sin duda lo mejor es leerlo y saborearlo. Podrá ser un espejo en el que, algunas veces, lograremos vernos reflejados en algunas coyunturas del relato. Una forma de vivirlo para aprender y crecer.

VICENTE MADOZ

Fotografía:  Monasterio Santa María de Huerta

                      Ángel Cornago

 



 

viernes, 18 de septiembre de 2020

LIBROS. Reflexión personal

 

LIBROS. Breve reflexión personal.  

 

Estoy rodeado de libros. ¿Para qué? Es como si en este decorado me sintiera elevado al altar de la sabiduría ¿O tal vez es solo pose? Aunque, creo que no es pose porque no lo enseño a nadie. Estoy en mi rincón. Tal vez es una aspiración, un ideal. Me gustaría ser “sabio”, pero yo en la penumbra. Para mí esta acepción la identifico con lo que me gustaría ser: una persona sabia en pragmática de la vida con un enfoque profundamente humano, empático, cercano, social, justo…, pero no solo para mí, sino para trascender humildemente, con mi grano de arena a personas que me lean, si les puedo ayudar a gozar su intimidad, y a intentar vivir un mundo fuera de la pura razón; más humano.

            ¿O tal vez es una meta? Pero yo ya no tengo meta externa, a no ser que mis escritos, si son aprovechables, lleguen a quienes les puedan transmitir sensaciones que los aparten de lo ordinario. La medicina a la que he dedicado toda mi vida, me ha permitido conocer registros de la vida que otros solo pueden imaginar. Estoy satisfecho; no me arrepiento; no se puede tener todo, aunque mi profesión no ha hecho desaparecer mi vocación de plasmar en escritos ideas, relatos y poemas. He intentado, como hago ahora humildemente, influir en la sociedad en la que vivo para hacer un mundo más humano.

            Estoy rodeado de libros para que me sirvan de cebo, porque en el fondo, sé que en ellos y en la reflexión de lo que leo, está la sabiduría personal, en definitiva, parte de mi felicidad. Porque leo para mí, para aumentar mi “bagaje”. No son conocimientos que se puedan conseguir en cualquier lugar. Es contenido sobre nosotros como seres humanos, sobre nuestra relación; sobre nuestro papel en el mundo. Es, contrastar con mis esquemas intelectuales continuamente en evolución y ávidos de aprender ideas, opiniones y saberes de autores que intento elegir y que pienso que me pueden aportar.

            Ese cultivo, la reflexión, bebiendo de autores que han sido o son ciudadanos del mundo con los ojos abiertos a temas fundamentales o creativos. Abierto al mundo, a nuestro universo infinito, a los seres vivos, sobre todo a los seres humanos con sus virtudes, con nuestras miserias. Con los afectos, con la capacidad de contemplar la belleza, las artes, ese inmenso derrame creativo de nuestra espiritualidad, donde está lo mejor que hay en nosotros y nos provoca momentos sublimes de felicidad.

            Eso me interesa. No para quedármelo y regocijarme, sino para compartirlo con otra gente y hacerle partícipe de mi goce y de mis reflexiones, en una actitud de compromiso.

            Soy muy viejo para todo esto. Pero me permite estar vivo.

 

            Ángel Cornago Sánchez

 Fotografía: El saber se cuece a fuego lento

 

 

martes, 1 de septiembre de 2020

UTILITARISMO

 

UTILITARISMO

 

En el extremo opuesto a los idealistas, están los que guían su vida exclusivamente por el principio de utilidad. Es el principio que persigue el propio beneficio, para lo cual, si se emplea en su máxima expresión, quiere decir que, prácticamente el resto de las motivaciones no existen. Se pasa por encima de valores, afectos, derechos, etc. El principal obstáculo que tienen los que así proceden, es que, en ocasiones, dicho proceder tiene sus consecuencias, a veces legales, a veces de pérdida de credibilidad en las relaciones personales, comerciales, sociales. Los más astutos miden dichas consecuencias, antes de seguir el principio de utilidad. Son los utilitaristas inteligentes, que son capaces de valorar sus actos, y, también es utilidad, esquivar lo que les va a ocasionar más problemas que beneficios, aunque en un primer momento brille lo positivo como un cebo perverso.

Son personas que aportan poco a la sociedad en la que se desenvuelven. Suelen ser malos amigos, malos compañeros de trabajo, de cualquier fin que se proponga en grupo, aunque con frecuencia lo disimulan. Intentaran copar los puestos que les interesa, traicionando a los demás, utilizando métodos poco edificantes si así lo precisan para sus fines. Suelen ser astutos, o al menos lo pretenden. Son frecuentes en los líderes políticos, en empresas grandes y pequeñas, y en cualquier órgano de poder. En la vida política son muy frecuentes como demuestran diversos estudios que refieren que en el poder y alrededor de los diversos poderes, hay auténticos psicópatas, con el agravante de que disfrazan de ideales y de bien para la comunidad sus propios intereses. Son los tiburones que no se detienen ante nada con su nadar pausado y calculador.

Sin embargo, el utilitarista tiene algún área de sus valores en la que puede ser leal, como sus afectos más cercanos, e incluso algún símbolo que tal vez objetivamente no sea valorable, pero que convierten en fetiche.

El utilitarismo se justifica, si es para conseguir fines basados en ideales para la mayoría, aunque es un terreno resbaladizo porque hay que ponderar consecuencias negativas; no todo vale. Es otro tema para analizar con más profundidad. Además, en estos casos también hay no pocos protagonistas entre los políticos que identifican el bien de la mayoría con sus propios intereses.

La historia es terca.


Ángel Cornago Sánchez

 

domingo, 23 de agosto de 2020

EVOLUCIÓN PERSONAL

 

EVOLUCIÓN PERSONAL

 

La evolución personal no acaba nunca. Nuestras primeras verdades de creencias y comportamientos, provienen de la educación, tanto en la familia como en las escuelas y colegios. Estás verdades, -no me refiero a conocimientos técnicos-, tienen una fuerza inusitada, porque se imbuyen en una edad muy temprana y están basadas, en el caso de la familia, en la confianza y en una mezcla de cariño y autoridad. Las de las escuelas y colegios, también tienen mucha fuerza, aunque en este caso dependerá mucho de la credibilidad y valoración de la persona que las imparte. A partir de la adolescencia puede aparecer ya el sentido crítico con todo lo imbuido.

Con los años, la evolución saludable es que vayamos poniendo en tela de juicio las enseñanzas en valores y verdades adquiridas pasivamente. En ocasiones no es fácil porque están grabadas y aderezadas con cariño, autoridad, a veces culpa y, frecuentemente, la necesidad por seguridad de asirse a postulados, aunque no estén madurados y asumidos.

 Después, vamos conformando la propia urdimbre de verdades importantes espigadas en los combates de la evolución social, en las lecturas, en las reflexiones, en la experiencia. Nos vamos quedando con el poso y siempre debemos tener en cuenta a la hora de tomar posturas, “siempre”, el ambiente social, porque, no todo vale ni en todos los momentos. El ambiente social dominante creado por los diversos poderes interesados, va a pretender unificarnos, más en este momento histórico que vivimos en el que la comunicación está en manos de grupos de interesados en manejarnos. No les interesa que seamos librepensadores.

En este mundo actual tan complicado, con intereses espurios de grupos económicos supranacionales tan importantes, con miras exclusivamente de rentabilidad, o de poder político para el manejo social, con una desidia moral alarmante, los ciudadanos de a pie somos meros peones cuando tenemos que votar, mediatizados y utilizados con técnicas de marketing, incluso con sucesos provocados, para manejarnos en el voto según sus intereses.

Intentan que seamos ciudadanos amorales, y como mínimo frívolos, con pseudovalores que ellos proponen con sus medios de comunicación; que seamos ciudadanos acríticos, adormilados por el fútbol, por “Sálvame”, con las apuestas, con las drogas, etc. y con temas parecidos, para que el manejo sea más fácil.

Muy importante no dejarnos llevar, y tener sentido crítico, cada cual con sus valores.


Ángel Cornago Sánchez

 

 

lunes, 10 de agosto de 2020

LA MODA DE LOS MINDUNGUIS

 

LA MODA DE LOS MINDUNGUIS

 

Hace tiempo, leí el calificativo que dedicaba una persona, un tanto “guay”, soberbia y petulante, se supone que culta e instruida, a intelectuales no conocidos, o a personas que cultivan y trabajan el pensamiento, aunque no están en los podios de la fama. Los etiquetaba de “mindunguis”, en general, para denostar sus opiniones. Mindungui, quiere decir “don nadie”, persona sin importancia, sin influencia.

Por supuesto, no estoy de acuerdo. Creo que casi nadie es “mindungui”, excepto los faroleros, los frívolos, los petulantes, que piensan que por su posición o por su título tiene ganada la acreditación de sus opiniones. También, somos testigos con frecuencia, de ídolos de cartón piedra, de papel couché, de tertulianos de muy dudoso nivel, de deportistas, etc., que se permiten, fundamentalmente en las televisiones, opinar sobre los más diversos temas, desde los púlpitos que le proporcionan los medios de comunicación, en un enfoque generalmente frívolo y decadente. Estos medios de comunicación promocionan en sus televisiones este tipo de tertulias y personajes que, poco pueden aportar a la sociedad, antes, al contrario, decadencia disfrazada de entretenimiento.

En mi ya larga vida, he escuchado opiniones agudas, certeras y análisis inteligentes de situaciones, a personas apenas sin formación, y he sido testigo de opiniones vacuas a personas con títulos académicos.

Por otra parte, todas las personas podemos opinar, tenemos derecho a ello, pero el respeto en el sentido de acreditación, de las opiniones de cada cual hay que ganárselo, no depende de los títulos. De hecho, estamos siendo testigos desde hace años y también en el momento histórico en que vivimos, de personas de nivel intelectual y moral muy bajo ostentando puestos de responsabilidad, que piensan que están ahí para sacarnos de la ignorancia y regir nuestros destinos.             Creo que nunca ha habido tanto “mindungui” en este país ostentando puestos de responsabilidad. Y lo grave es que, no se saben ignorantes y se creen con derecho a dirigir nuestras vidas, simplemente por el puesto que ocupan. Suelen tener un tufo totalitario, escasitos en valores, y escasitos de inteligencia. Para mí, estos son los verdaderos “mindunguis” que tenemos que soportar.

 

Ángel Cornago Sánchez 

 

 

lunes, 27 de julio de 2020

Corrida de toros en las Fiesta de Tudela en los años sesenta.

Corrida de toros en las Fiesta de Tudela en los años sesenta.

 

Un recuerdo táctil que guardo y que me es fácil rememorar, es el que experimenté una tarde en Fiestas de Santa Ana cuando era muy joven, casi un adolescente. Salí con mi amigo Julián, como cada día después de comer, dispuestos a no perdernos ningún acontecimiento, y aunque no podíamos ir a la corrida de toros porque nuestra “paga” no nos lo permitía, nos acercamos hasta la plaza para ver el ambiente previo a la corrida. La gente llegaba risueña, los hombres con los puros encendidos, las mujeres con los abanicos mariposeando, todos portando las bolsas con las meriendas y las neveras portátiles con hielo y bebidas.

Toreaba “Chamaco” que era una de las figuras del momento. El gentío era impresionante y las colas delante de las puertas de entrada a la plaza, larguísimas. Llegaron las mulillas y la banda que subía tocando desde la plaza Nueva. Fue entrando el público y, en la calle quedamos los curiosos que no podíamos entrar, y algunos vendedores ambulantes. Pronto se oyeron los clarines y los primeros “olés” y, poco después, la banda comenzó a tocar. La andanada entonces no estaba cubierta y se veía desde lejos a la gente embebida en la faena. Fuimos dando la vuelta a la plaza como buscando un resquicio para poder disfrutar de aquel espectáculo que parecía ser fascinante, a tenor de lo atentos que estaban mirando hacia el ruedo los espectadores.

En el lateral derecho junto a los corrales, tres “listos” habían organizado un sistema para ganar dinero ayudando a "colarse" en la plaza: uno desde abajo, ayudaba al que pretendía ver la corrida sin pagar, a encaramarse en la tapia que separaba la calle de los corrales; allí se ponía de pie apoyándose en la pared de la plaza y, una vez estirado, otros dos mozos desde arriba lo cogían de las manos y lo izaban dentro de la andanada, todo ello claro está, mediante el pago al que estaba abajo de la correspondiente cantidad de dinero que no puedo recordar, pero en todo caso discreta. Los “olés” arreciaban y sentía una sensación de frustración por no poder participar de aquel espectáculo. En un momento en que el entusiasmo en la plaza rozaba la apoteosis, me hurgué en los bolsillos y, con las monedas en la mano, me dirigí al mozo que estaba al pie de la tapia y le ofrecí mi dinero. Le debió de hacer gracia el que un chaval tan joven se decidiese a trepar de aquella forma y, adelantándome a otros que estaban esperando, rápidamente cogió las monedas y me aupó sobre la tapia.

Fue el momento de no retorno; en un segundo me encontré con los pies sobre la estrecha tapia, intentando ponerme de pie sobre ella apoyándome con las palmas de las manos en la pared lisa de la plaza, a un lado el corral de ganado bravo y al otro la calle. Tenía que actuar con rapidez porque había que dejar libre el sitio para que trepase otro. Recuerdo perfectamente el tacto de aquella pared, sin rebordes ni salientes, pero rugosa, lo que me permitía con las palmas de las manos hacer un buen apoyo para ponerme de pie. Me fui levantando poco a poco procurando no mirar hacia abajo ni hacia arriba y pegando también la cara a la pared como otro punto de apoyo; después de unos segundos que me parecieron interminables, de repente, sentí dos fuertes manos que me agarraban por las muñecas y de un tirón, en volandas me introdujeron en la andanada de la plaza.

Sentí que había pasado una prueba peligrosa y miré con orgullo a los que estaban abajo. Cuando conseguí ver el ruedo, el torero paseaba triunfal el anillo en medio del delirio colectivo; yo también aplaudí con vehemencia, aunque, no sé por qué, pues no había presenciado ninguna fase de la faena, pero, supongo que por haber pasado el trance de la tapia, me sentí con derecho hacerlo.

Ángel Cornago Sánchez

De mi libro “Arraigos, melindres y acedías”.

 


viernes, 24 de julio de 2020

EL CHUPINAZO EN TUDELA. (HOY NOSTALGIA)


EL CHUPINAZO EN TUDELA. (HOY NOSTALGIA)

Las fiestas de Tudela entran por el oído además de por la vista. El bullicio de la calle, el colorido blanco y rojo de las vestimentas, el desenfado espontáneo y ocurrente de mis paisanos, el sonido de las charangas, constituyen un espectáculo que contagia y arrastra a un estado de especial euforia. Es un ambiente de alegría desbordante que afecta a todos, desde los niños pequeños a las personas mayores. Pienso que es una catarsis colectiva sumamente sana, y que, junto con los actos de solidaridad en grupo, constituye una de las muestras más saludables de los humanos. Para mí todavía constituye un espectáculo salir a la calle en fiestas y observar la alegría desbordante de la gente; casi nunca me he marchado de las fiestas de mi pueblo, y la razón que aduzco, es que “¿Donde lo voy a pasar mejor?”, aunque sólo esté de mero espectador.
El acto del chupinazo para inaugurar las fiestas constituye uno de esos momentos que me emocionan profundamente. La plaza se va llenando progresivamente, hasta estar hasta los topes unos minutos antes de las doce; los balcones engalanados con la bandera de Tudela, los pañuelos rojos en la mano, las vestimentas blancas, el ambiente festivo y expectante. Con las campanadas de las doce se produce el saludo del alcalde o del concejal de turno, con un desgarrado: “tudelanos, tudelanas! ¡Viva Tudela¡ !Viva Santa Ana¡”  seguido por los “vivas” de la muchedumbre, por el chupinazo y por una inmediata explosión de júbilo, griterío festivo y música. Ese momento me produce un escalofrío que recorre todo mi cuerpo y, a veces, confieso, que he tenido que esforzarme para no mostrar mi emoción. Cuando vivía fuera de Tudela, algún año he llegado unos minutos antes del chupinazo, he saludado a mis padres desde la calle y he marchado corriendo a la plaza para no perderme ese momento sublime.
Ángel Cornago Sánchez

De mi libro “Arraigos, melindres y acedías”




viernes, 17 de julio de 2020

NECESIDAD DE RECONOCIMIENTO

            RECONOCIMIENTO DE CONFORMIDAD Y DE DISTINCIÓN
 

Todorov, escribe sobre el reconocimiento y lo divide en reconocimiento de conformidad y el de distinción: “o bien quiero ser percibido semejante a los otros, o diferente, distinto, peculiar”[1]. El de conformidad obtiene su reconocimiento del hecho de conformarse lo más escrupulosamente posible con los usos y normas que considera apropiados para todos los miembros del grupo; “se siente reconocido y aceptado”. El reconocimiento de distinción es un reconocimiento especial, positivo, “por encima de los demás”. No cabe duda que para la felicidad es una garantía el reconocimiento de conformidad, porque es estable ya que el de distinción puede desaparecer, y, esencialmente suele ser temporal. El que nos va a llevar a reconocernos en los demás, es el de conformidad. Para obtenerlo “no necesito continuamente la mirada de los otros, ya la tengo interiorizada; no aspiro a ser excepcional, sino normal”. Puede ser que en momentos puntuales tengamos reconocimientos de distinción para volver después al reconocimiento de conformidad. Las personas instaladas en el de distinción, tarde o temprano caen en la indiferencia y deben estar preparadas para integrarse en el reconocimiento de conformidad.

Por tanto, precisamos el reconocimiento, pero como mero reflejo de que existimos. Si existe una necesidad excesiva más allá de la confirmación de que “somos”, se convierte en dependencia, lo cual es negativo. En la sociedad actual es frecuente que no nos conformemos con el mero reconocimiento de conformidad y solemos perseguir el reconocimiento de distinción, porque en el medio en que vivimos, para ocupar un lugar donde el mensaje de vuelta nos haga sentirnos importantes, que es lo que exige el medio, se tiene que luchar para conseguirlo: puede ser haciendo dinero, un trabajo de prestigio, o vivir de forma extravagante, por ejemplo, pero esta sociedad nos invita a buscar nuestra singularidad en el grupo, y claro, hay mucha competencia. Es una dependencia que lleva a la infelicidad…

Reconocimiento precisamos todos durante la vida. En el reconocimiento de una u otra manera, de forma no consciente, y también con reflexión, vamos conformando nuestro yo. Llega un momento, o debe llegar un momento, que el reconocimiento externo, sea de menos importancia para seguir creciendo en nuestra evolución, antes al contrario, debe ser cada vez menos importante, porque ese mensaje lo recibimos de nuestro propio yo, desarrollado y maduro, con principios, independiente. El no estar mediatizados por el entorno es una vía importante para alcanzar la felicidad. Conforme va creciendo la individualización debe ir decreciendo la importancia del reconocimiento, aunque siempre lo vamos a precisar como seres sociales que somos.

De mi libro “Salud y felicidad

”. Edt. SalTerrae

Ángel Cornago Sánchez

[1] Tzvetan Todorov. La vida en común. Taurus. Madrid 1995. P, 129

jueves, 18 de junio de 2020

EL ATRACCIÓN DEL PODER

EL IMÁN DEL PODER http://angelcornago.es/

 

Cuando era niño asociaba, con lógica, la estatura con el poder. Los niños mayores dominaban a los más pequeños y si teníamos un hermano, primo o amigo mayor que nosotros nos sentíamos protegidos. Esa sensación de protección era mucho mayor si estábamos bajo la tutela de un adulto.

            Se dice que en la niñez se gravan las sensaciones y muchas formas de comportamiento que van a regir durante toda nuestra vida. Recuerdo de entonces que aquellos niños mayores, que hacían gala de su poderío físico ante los que éramos más pequeños, con los que la lucha era desigual, producían en mí sensación de repulsa; esto no les sucedía a todos pues algunos eran mucho más prácticos e intentaban hacerse sus amigos a toda costa para, de alguna forma, ser partícipes de su poder o al menos no tenerlos en contra.

            Estos comportamientos, más o menos, se irán reproduciendo en la edad adulta, donde pululan en todos los ámbitos oportunistas que se arriman al poder de turno y están dispuestos a medrar a costa de lo que sea. A muchos se les veía venir ya desde niños. Puedo corroborarlo después de mucha vida vivida. Con muchos de aquellos compartí en mi juventud inquietudes y reivindicaciones. Algunos, llegó su hora y aprovecharon el tren de medrar, de figurar, y se auparon a ámbitos de poder maquillados con sus ideales, con escusas de servir a la sociedad. Otros se retiraron a sus cuarteles de invierno. También, hubo alguno que, en aquel tiempo, los ideales los debía llevar muy ocultos, porque “ni estaba, ni se le esperaba”, pero hábil, se subió al tren en marcha y ya no volvió a trabajar en su vida; sí a figurar y a beber de la mamandurria del poder.

            Era muy niño, tenía diez años, y en el colegio de Jesuitas un chico de cuarto de los desarrollados, no sé por qué motivo le estaba pegando una paliza soberana a un compañero de clase amigo mío; me estaba produciendo pavor aquella tortura que estábamos presenciando, como yo, otros amigos, y en un gesto que pensé iba a ser secundado por los demás, pretendí liberar a mi compañero de aquella situación y me lancé por detrás a colgarme del cuello de aquel energúmeno. El resultado no pudo ser peor para mí, porque el susodicho soltó al otro para defenderse de mi ataque, momento que este aprovechó para salir corriendo junto con los que estaban presenciando la pelea. No recuerdo la paliza que me dio, aunque me lo puedo figurar, pero se me quedó grabado aquel acto de insolidaridad que me dolió mucho más que los golpes, y que sigo recordando cuando viene a cuento.

            Sí que aprendí a distinguir a los oportunistas, aunque, siempre me quedé corto; son una pléyade.


viernes, 29 de mayo de 2020

LIBREPENSAMIENTO Y RIGOR INTELECTUAL

Librepensamiento y rigor intelectual.

 

 

En el momento histórico que estamos viviendo, tal vez más que nunca, es preciso que influyamos en el entorno social que nos toca vivir, cada cual en su ámbito, pero desde una actitud de honradez y rigor intelectual a la hora de enjuiciar las situaciones y expresar las opiniones. No podemos ser esclavos de ideas preconcebidas ni de consignas emanadas por asociaciones, religiones, o partidos políticos, aunque a la postre podamos coincidir con ellas después de reflexionar y valorar sus posturas

Hoy, el espectáculo bochornoso que habitualmente contemplamos, es la lucha entre partidos, utilizando como armas arrojadizas las propuestas del contrario, aunque puedan ser razonables, incluso adecuadas para la mayoría. Han pervertido sus fines. No es el bien de los ciudadanos origen de su investidura lo que persiguen, sino, unos conservar el poder, y los otros arrebatárselo. En definitiva, el poder por el poder. En esta lucha vale todo. Ni se sonrojan con sus zafios razonamientos. No valoran nuestra capacidad intelectual; piensan que nos engañan con sus actitudes y burdos argumentos. Están jugando con fuego.

 Mientras, los ciudadanos asistimos impasibles a ese perverso olvido por parte de las clases políticas que nos dominan. Pienso que el sistema está gastado. La “derecha”, “la izquierda”, tal como las utilizan los protagonistas, no sirven, aunque probablemente los que no sirven son dichos protagonistas. Sería preciso que la mayoría de esos dirigentes desaparecieran de la escena y fueran sustituidos por otros nuevos, honrados y con la idea clara de que su objetivo somos los ciudadanos, no conservar el poder.

Nosotros también somos responsables. Los dogmatismos del signo que sea nos esclavizan. De hecho, un tanto por ciento nada despreciable de los votos emitidos en las elecciones, son de personas que siempre votan al mismo partido, por ideas preconcebidas, aunque hayan hecho las mayores tropelías. Gracias a que hay otro tanto por ciento que es capaz de otorgar su voto dependiendo del juicio sobre sus actuaciones, los países progresan, por que, la alternancia es progreso.

El librepensamiento es la base de la vida intelectual. Es preciso no estar sujetos a dogmatismos en ningún ámbito. El discurso de los partidos de derechas y de izquierdas huele a naftalina, por caduco, por sesgado, por poco riguroso, por poco respetuoso con la inteligencia de los ciudadanos. Debemos ser capaces del análisis despojado de ideas preconcebidas, lo contrario es una rémora para el progreso y para llegar a posiciones más avanzadas.

El juicio es un ejercicio intelectual que debe ser libre de dogmas políticos y religiosos. La religión es respetable, incluso si se quiere, adecuada en el ámbito privado, pero no como doctrina en el análisis del quehacer político y social. La militancia política, la simpatía por un partido, también lo es, pero sin sometimiento a sus consignas y a sus líderes si no lo hacen bien y no permiten el debate; antes, al contrario, los simpatizantes y militantes, tienen más responsabilidad que los demás para intentar reconducir su deriva y mantenerlos siempre vivos. Esta actitud, los dirigentes respectivos no lo van a consentir; no les interesa militantes con criterios propios, sino personas que acaten las consignas que emergen de la cúpula sin discutirlas: son los militantes que medran, los que van en las listas, pero el suicidio de los partidos, situación a la que ya hemos llegado.

"Sólo los peces muertos nadan con la corriente." [Malcolm Muggeridge]

            Ángel Cornago Sánchez

           

domingo, 24 de mayo de 2020

HÉROES Y FILIBUSTEROS


HÉROES Y FILIBUSTEROS

La mayoría de las personas somos normalitas: hacemos nuestro trabajo mejor o peor, dependiendo de nuestra motivación que, a su vez, depende de si realizamos quehaceres que nos satisfacen, nos sentimos bien o mal pagados, etc. Pero la mayoría, considero que intentamos hacer bien nuestro trabajo diario e intentamos ser espectadores honrados del mundo que nos toca vivir.
También la mayoría, somos espectadores más o menos motivados de los aconteceres de la vida política, siendo conscientes de que podemos hacer muy poco para cambiar el rumbo que en cada momento discurre; sólo el voto cada cuatro años y, poco más. Es decir, nuestra influencia en el devenir social es muy limitada, además, teniendo en cuenta que estamos muy manipulados por los diversos poderes que utilizan los medios de comunicación interesados, que son los que crean opinión entrando en nuestras propias casas en ese momento íntimo de descanso frente al televisor: nos cuentan sus tergiversadas noticias y sus análisis interesados, aderezados e intercalados con programas de consumo fácil o frívolo.
Realmente y en teoría, somos una sociedad libre, pero tremendamente manipulada, y, lo más grave, es que no somos conscientes de ello.
Hay unos pocos héroes, que son críticos con el poder de turno, que son independientes, que se sienten la conciencia de la sociedad, pero muchos de ellos, una conciencia que tiene muy poca resonancia, solo el eco, que les sirve a ellos y da sentido a sus vidas. Pero son pocos. Lo normal es ser manada, ser gregarios, con los que la sociedad no progresa a mejor. Sí, con los idealistas responsables.
Lo que priman son los filibusteros, las jaurías, que suelen ser los acólitos de los poderes correspondientes, de los que obtienen beneficios o esperan obtenerlos. Son los que hacen el trabajo sucio, el trabajo soterrado y en las redes sociales. Suelen ser bastante incompetentes, pero también, malos y agresivos.
Las ideologías de algunos partidos se han convertido en religiones fundamentalistas, con su componente de supremacía moral, que permite a sus “conciencias” utilizar sistemas coercitivos incluso violentos, similar a las religiones de hace siglos, que llegaban a quemar en la hoguera a los discrepantes.
Es preciso que los ciudadanos vayamos tomando conciencia de lo importante y necesario que es informase bebiendo de diversas y plurales fuentes, para tener criterio y no dejarnos manipular. Y en el ámbito de cada cual, ser honrados intelectualmente e intentar contribuir para que este mundo sea un poco mejor, donde primen las libertades, el estímulo al esfuerzo, la excelencia, la justicia social, todo en el mismo plano, no dejando a nadie por el camino; apartándonos de los profetas de planteamientos totalitarios, que han demostrado sobrada y repetidamente en la historia sus enormes fracasos, y han ocasionado además de miseria, mucho sufrimiento a la población.
Fotografía: Burela. Lugo

Ángel Cornago Sánchez . Derechos reservados.






viernes, 15 de mayo de 2020

VIVIR CON EL COVID


VIVIR CON EL COVID

La pandemia del covid según todos los indicios, va a durar bastantes meses. El encierro no es la solución, porque el tejido productivo se destruiría y la economía quedaría lastrada tal vez para mucho tiempo, además de provocar mucha miseria. Hay que abrir la sociedad. Hay que recurrir a la responsabilidad de los ciudadanos. No debemos ser tratados como niños y fiarlo fundamentalmente a la represión. Los ciudadanos, por nuestra parte, debemos tomar conciencia de la responsabilidad que tenemos. Es la forma de más garantía, la más madura, la más respetuosa, la más democrática. Es un tema que nos atañe a todos y todos debemos implicarnos.
No queda otra solución que convivir con el covid, ahora ya con la expansión atenuada, pero para eso hay que insistir hasta la saciedad en métodos rigurosos de protección individual y colectiva. La protección individual es responsabilidad personal: las mascarillas, el lavado de manos, la distancia, evitar reuniones, seguir las normas de los expertos, etc.
Las mascarillas: imprescindibles en actividades compartidas. No basta la distancia. Respirando normal el virus puede llegar a dos metros, pero tosiendo, haciendo deporte, puede llegar mucho más. Las mascarillas deben ser “homologadas”. Muchos sanitarios se han contagiado por material de protección inadecuado.
Las medidas colectivas: evitar reuniones tan irresponsables como las que se están viendo los primeros días de asueto.
En las empresas, los Servicios de Seguridad e Higiene junto con los Servicios Médicos, deben plantear las normas necesarias, si es preciso con asesores oficiales, pero son los que conocen cada empresa. Dictar solo normas generales no vale, porque hay muchas situaciones particulares que conocen los técnicos de cada centro de trabajo. Es negativo no delegar, tanto en las empresas como en las Comunidades Autónomas. Por supuesto controlando. Hay muchos matices que desde el vértice de la pirámide del poder no se pueden conocer.
Por supuesto, exigir a los políticos competencia acudiendo a los asesores más capacitados, que en este país hay muchos y muy buenos. Es una negligencia no recurrir a los mejores en favor de camarillas. Hay que buscar la excelencia en la gestión, porque de las consecuencias de no hacerlo depende el que haya más o menos muertos y graves problemas económicos y sociales.
Delegar y compartir es la forma más inteligente y eficaz de ejercer el poder en temas tan importantes y de consecuencias tan nefastas como los actuales.
Fotografía: Santander

Ángel Cornago Sánchez



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