lunes, 6 de agosto de 2018

NUNCA COMO AHORA HEMOS ESTADO TAN EXPUESTOS


Nunca como ahora.
Breves reflexiones que considero importantes sobre el periodo que nos toca vivir. No supone diferencias manifiestas respecto a otras épocas históricas en cuanto a la esencia del comportamiento humano; su afán de avaricia, de poder, de dominio, siempre ha sido así, pero en el momento actual sus repercusiones y consecuencias son mucho mayores; están magnificadas por la globalización, el desarrollo científico, industrial, tecnológico, la comunicación, que tienen como consecuencia el manejo del mundo por un reducido número de grupos de poder. La posibilidad de dominio en el último siglo y en el actual ha ido aumentando de forma progresiva con el control de los descubrimientos científicos, de la tecnología, de las fuentes de energía, de la comunicación, apoyada en ejércitos con capacidad para destruir el planeta. Nunca como ahora la especie humana ha estado tan en peligro de autodestruirse.

Nunca como ahora:
La población mundial como grupo social, incluida la de los países llamados civilizados, ha estado tan sometida al albur de las decisiones de grandes poderes que, infiltrados en las instituciones, en la política, incluso en los poderes legislativos, dominando los medios de comunicación, manipulando el discurrir de la economía mundial, los vaivenes de las bolsas, las guerras en determinados lugares del planeta dependiendo de sus intereses, se puede decir que manejan el mundo, incluyendo las sociedades llamadas democráticas. También, manipulando en muchos casos la cultura y las corrientes de opinión, a veces apoyándose en pseudointelectuales, y sobre todo en los medios de comunicación a su servicio. Adolf Tobeña dice en la introducción de su libro “que la persecución del poder ofrece numerosos resquicios para el bandidaje. Para burlar normas, para saltar por encima de la ley o para forzar sus recovecos e insuficiencias en provecho propio. Por esa razón hay tantos vínculos y promiscuidades entre bandidos y políticos”[1]. Los ciudadanos, realmente podemos influir mucho menos de lo que nos parece, incluso en nuestro medio, únicamente en las elecciones que suelen estar contaminadas por lo anteriormente referido.
 En este mundo de logros indudables e irrenunciables, estamos manipulados. La solución a esta situación es el cambio del capitalismo salvaje y corrupto, a un sistema más social y humano, basado en valores, y en el desarrollo integral de la persona. Como propugna la Carta de la tierra[2]: “Debemos darnos cuenta de que, una vez satisfechas las necesidades básicas, el desarrollo humano se refiere primordialmente a “ser más, no a tener más”. Todo ello requiere con urgencia la aparición en escena de la sociedad civil liderada por intelectuales honrados.
Tengo serias dudas y temores sobre la naturaleza del ser humano para conformarse con lo necesario, e incluso con un poco de lo superfluo, y a su afán de poder, de dominar, y aunque temporalmente se vayan consiguiendo logros, la ambición de algunos puede llevar a nuevos fracasos, que deberán ser controlados; pero es el camino. El avance es lento, aunque progresivamente se van consiguiendo logros. Somos insolidarios, agresivos cuando luchamos por lo estrictamente básico para la supervivencia, sobre todo de la familia; casi al unísono, una vez satisfechas, en segundo plano podemos ser solidarios con los que nos rodean. El problema surge cuando lo básico está asegurado y existe posibilidad de luchar por bienes que nos diferencian de los demás. En el medio rural de la España de hace varios lustros, casi nadie podía hacerse rico, y todos luchaban por una economía de subsistencia; no era una situación idílica, y existían las rencillas propias de la especie humana, pero se compartían y se intercambiaban alimentos y enseres. Creo que el problema surge cuando se supera esta etapa de tener cubierto lo necesario, y aparecen otras, que generalmente son creadas y mucho menos precisas. La evolución de nuestra especie debería ser hacia una sociedad regida por valores, aunque el camino actual es hacia nuevos cataclismos, mayores que los vividos en anteriores ciclos históricos, ya que la capacidad de destrucción actual es mucho mayor. Tal vez es lo que puede frenar el proceso, pero todos sabemos que existen líderes en el mundo que son auténticos psicópatas, con poder para tomar decisiones que ocasionen grandes desastres. Como dice Adolf Tobeña, “detrás de los movimientos doctrinales con una gran capacidad de arrastre colectivo, no falta jamás un líder mesiánico…Son individuos en los que anida la convicción de ser un instrumento elegido por la Providencia para alcanzar una meta…Pero si el guía cabalga sobre la doctrina global del grupo en un momento de tensiones (territoriales, demográficas, religiosas, etc.) el peligro de que acabe protagonizando empresas bélicas exitosas (si es prudente y sagaz o de autodestrucción si es prudente), es seguro”[3]. Los líderes que se sienten “salvadores”, son muy peligrosos.
Algunos de los grupos políticos emergentes tampoco son fiables; no están cimentados en valores sólidos, sino fundamentalmente motivados para llegar al poder e imponer sus ideologías, antiguas, rancias, y sobradamente conocidas por experiencias previas; no en un desarrollo integral del ser humano con el cambio de enfoque y de sistema que sin duda requiere la situación actual. Considero que son más de lo mismo sintiéndose salvadores, lo cual es muy peligroso. También hay grupos políticos que propugnan nuevas formas de gobernar, imprescindible en el momento actual, no sólo en España, sino en el mundo. Son la esperanza de futuro para un progreso sin convulsiones.
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De mi libro "Salud y felicidad". Edt. SalTerrae. 2017




[1] Adolf Tobeña. Cerebro y poder. La esfera de los libros 2008. p 18
[2] UNESCO, asumida en 2003. Elaborada desde 1992 al 2000.
[3] Adolf Tobeña. Cerebro y poder. La esfera de los libros 2008. P, 179