lunes, 12 de febrero de 2018

LUCHA POR LA SUPERVIVENCIA Y FELICIDAD (APUNTES)

PROCESO DE SUPERVIVENCIA Y FELICIDAD (APUNTES)
Las motivaciones, que en un principio eran la subsistencia, tal vez la defensa o el conocimiento, se tornaron con el tiempo en sed de dominio, de conquista, de poder. Se pasó de la lucha por lo necesario, que producía felicidad con cada logro, a la lucha por lo superfluo, por privilegios, objetivos contaminados por egoísmos, avaricias. Para conseguirlos, se utilizó el engaño, sobre todo con los más vulnerables, la violencia, el manejo, la mentira, etc. En definitiva, se tornó a un sistema, en que ni los objetivos ni los medios empleados producen felicidad, antes al contrario, suelen ocasionar infelicidad y mala conciencia a la larga. Eran grupos minoritarios que, en general, lograban sus fines, a veces en competencia con grupos similares.
Para recrear y analizar el camino, debemos imaginarnos el escenario que le tocó vivir al hombre primitivo. En una primera fase, si escasea lo necesario, la lucha es salvaje, incluso fratricida. El primer objetivo es la subsistencia. Si la escasez no es importante, y tampoco vislumbramos la posibilidad de distinguirnos, de acaparar, de conseguir poder, somos solidarios; nos ayudamos mutuamente para sobrevivir, que es el objetivo primero. Una vez conseguido lo preciso, si percibimos la posibilidad de tener más, de asegurar el futuro, comenzamos a disiparnos por otros intereses cuya posesión nos van hacer singulares; nos vamos a poder distinguir de los otros y crearnos un estatus que podamos "enseñar". Ser más o tener más, y algunos, también dominar. En general, dejaremos de ser solidarios, y lucharemos por bienes superfluos. «En los animales sociales buena parte de los incidentes cotidianos dependen de la lucha por el estatus».[1]
El grupo más numeroso se dejará llevar por los que se han aupado a lugares de privilegio, los cuales emplearan medios de engaño, la manipulación, incluso la fuerza. Unos van a conseguir poder, privilegios, manejando y explotando al resto. Los otros se van a dejar arrastrar, creyendo que asumen su destino y que no hay otras alternativas. Son la mayoría, generalmente poco concienciada, resignada.
 Algunos de los sometidos, más concienciados, van a organizarse para hacer frente a los dominadores –tarea dura y complicada que obliga, en no pocas ocasiones, para ser eficaces, a renunciar a sus principios, si es que alguna vez los tuvieron–. Se van a contaminar con métodos e intereses también inmorales, por motivos similares en el fondo, a los que pretender suplantar; pero en este caso bajo el lema de: «el fin justifica los medios». En un proceso de degradación y, con el tiempo, pueden ser capaces de acciones tan deleznables como los dominantes. En teoría es un proceso justo, pero la dificultad de conseguir sus fines y, en muchos casos, dirigidos por líderes mesiánicos, que caen en los mismos métodos y errores que los que intentan combatir, llevan a nuevos sufrimientos a los históricamente sometidos, a la mayoría silenciosa, que seguirán siendo «carne de cañón», dejándose arrastrar por unos u otros. Fernando Arrabal, con agudo análisis, escribe: «¡Qué droga el poder! A medida que pasan los años, los que gobiernan (aunque solo sea una federación), se vuelven escépticos y dedican toda su energía a permanecer en el puesto. ¡Cómo eliminan a los opuestos! ¡Con qué saña persiguen a los candidatos a la sucesión! Pero Séneca dijo a Nerón: ‘Cualquiera que sea el número de personas que mates, tu sucesor no estará entre ellos’».[2]
Por el contrario, habrá un grupo de visionarios que se preocupará de seguir siendo solidarios; de cultivar las relaciones humanas, la espiritualidad; de organizar una sociedad justa; de potenciar una educación en valores. Son el grupo que se adapta lo suficiente para vivir, sin ceder, con sentido crítico, librepensamiento, rigor y honradez intelectual, ejerciendo la consecuencia, con la vista puesta en cambiar la sociedad; que lucha sin quemarse, porque sabe que la eficacia está en el grano de arena que pueden aportar unido a otros similares para cambiar el mundo. En definitiva, a puro de conseguir muchas personas honradas y con contenido. Como dice F. Savater: «La tarea de quienes desean transformar positivamente nuestra condición, o la sociedad, no consiste en reinventar a los hombres, sino en colaborar con los mejores de ellos y respetar la dignidad de todos».[3] Es una utopía, pero es el camino al que hay que aproximarse. Tanto los explotadores, los revanchistas, como los salvadores, solo han causado ineficacia, dolor, y a veces sangre. La historia lo ha demostrado sobrada y repetidamente. Son más de lo mismo.
La mayoría de los candidatos a los distintos poderes no son las personas más capaces y honradas. El perfil de la mayoría de ellos no es precisamente altruista y de fiar. Como dice Adolf Tobeña:
La biología humana impone que en el trayecto para alcanzar cotas altas de poder político, resulten primados quienes reúnen condiciones para el bandidaje parasitario y embriagador. Los individuos astutos, dominantes, crueles, persuasivos, falsos, manipuladores y audaces son óptimos candidatos, para situarse en posiciones de ventaja en la lucha por el poder.[4]
Y continúa en otro párrafo:
Entre los políticos de relumbrón, y también entre los de segunda y tercera fila, hay una desmesurada proporción de delincuentes y para delincuentes estupendamente disfrazados de servidores de la comunidad.[5]
[…]
El juego del poder selecciona a sujetos que ya llevan, de por sí, unos rasgos que les predisponen a servirse del esfuerzo y entusiasmo ajenos en provecho propio…Por eso, es tan importante ir creando mecanismos, en democracia, que atenúen la tendencia natural a la fagocitación del gobierno, por parte de diversos tahúres de distinto pelaje y sus compinches.[6]
Por supuesto que hay personas honradas e idealistas, muchas de las cuales no están dispuestas a quemarse y a competir por el poder político contra los del perfil rastrero que hemos comentando. Entre otras cosas, porque no son capaces de utilizar los medios y mecanismos arteros, ilegales y corruptos que suelen utilizar los que pululan alrededor del poder político para intentar servirse de él. No son capaces del navajeo. Solo tienen opción en momentos de crisis, cuando todos abandonan el barco, porque no hay nada que ganar; además de que son en general incompetentes para resolver problemas.

Podemos concluir que para ser felices el marco es hostil, también para sobrevivir y conservar la salud: De hecho, vamos a enfermar y morir.  En cuanto a ser felices, también va a influir negativamente. No existe un lugar idílico que nos asegure la felicidad y, desde el nacimiento, va a ser una lucha permanente: primero, focalizada en las necesidades primarias; después, en aspectos subjetivos, sin una dirección clara que nos ilumine sobre cómo se alcanza dicha sensación. Incluso, no se garantiza que logremos un marco ideal para conseguirlo. Lo deberemos construir individualmente. Habrá circunstancias que lo van a favorecer, pero ninguna lo garantiza. Conseguirla es, fundamentalmente, una búsqueda personal que puede ser más o menos dificultosa, basada en cuestiones que analizaremos más adelante. El ser humano, pues, está inmerso en un marco en el que es esencialmente vulnerable.
De mi libro "Salud y felicidad". Edt.  Salterrae





[1] TOBEÑA, Adolf, Cerebro y poder, Madrid, La Esfera de los Libros, 2008, p. 37.
[2] ARRABAL, Fernando, La dudosa luz del día, Madrid, Espasa Calpe, 1994, p.193
[3] SAVATER, Fernando, Sin contemplaciones, Madrid, Ediciones Libertarias, 1993, p. 39
[4] TOBEÑA, Adolf, Cerebro y poder, Madrid, La Esfera de los Libros, p. 247
[5] Ibidem, p. 248
[6] Ibidem, p. 249