viernes, 14 de julio de 2017

MISERIA MORAL

MISERIA MORAL
Ángel Cornago Sánchez
            El momento político actual, realmente produce desánimo y frustración. Para valorar a las personas, a los grupos, no basta hacerlo en circunstancias ordinarias, que también, sino cuando suceden o se enfrentan a momentos trascendentes en los que deben decidir sobre hechos cruciales. Ya no se trata de ese juego político diario de bajo nivel al que nos tienen acostumbrados. Un ejemplo es el reciente homenaje al asesinato de Miguel Ángel Blanco, que no por la persona, pero sí por el momento y porque supuso la rebelión de la sociedad civil, representó un hito. Tampoco muchos se pusieron de acuerdo por matices miserables.
            En este momento, los ciudadanos, estamos asistiendo atónitos, hastiados, y cabreados, a la catadura moral de muchos líderes con responsabilidad. Se decantan por sus propios intereses, disfrazándolos de bien para la comunidad o de rigor. Y no solo es grave su falta de escrúpulos, sino que diariamente en los medios de comunicación nos dan muestras de su bajo, y a veces ínfimo nivel. Difícilmente estos indigentes intelectuales pueden dirigir un país, cuando están demostrando que, seguramente, no están capacitados, ni para dirigir una comunidad de vecinos. Pero lo que realmente preocupa es su miseria moral: para ellos, todo vale para conseguir sus fines.
            ¡Ya está bien! de luchas partidistas barriobajeras. Ya vale de navajeo. Hasta las puestas en escena son ridículas y obscenas. Observen a los altos cargos y líderes, cuando comparecen ante los medios de comunicación: se plantan ante la nube de periodistas con sus cámaras, en un postureo que les hace sentirse protagonistas, en momentos que viven como sublimes, casi orgiásticos, pero lo que en realidad trasmiten es estar en el limbo de la idiocia. Parecen bandas organizadas para engañarnos.
            Han asolado el país con la corrupción. En este momento casi todos los partidos, tienen asuntos de financiación ilegal, y muchos, con miembros imputados por enriquecimiento personal. Otro tema grave es la utilización de la justicia, y el propio proceder de la justicia, así como la actitud de determinados medios de comunicación, sospechosos de partidismo. Eso también es corrupción, no solo lo económico.
           Esta sociedad necesita moralizar la vida pública, y la privada, cada uno en su ámbito. No debemos permitir que los grandes poderes económicos nos exploten; debemos defender una distribución justa de los recursos, justicia social, defender derechos; pero, en la lucha política o ideológica, tampoco vale todo. Hay que ser riguroso, buscar la verdad, buscar soluciones ponderadas y justas, intentando construir país, no desestabilizarlo.
Fundamental: “rigor y honradez intelectual” en el ámbito individual a la hora de analizar los hechos y enjuiciar las situaciones. Sobran los corruptos, los sectarios, los embaucadores. Sobran los que sólo aportan odio y resentimiento. Sobran salvadores interesados. Es preciso un rearme moral de la sociedad. La voz de la mayoría silenciosa, honesta y ejerciendo su honradez, se debe hacer escuchar. Y, desde luego, potenciar a los políticos honestos conscientes de que su principal deber es servir el fin para el que están en política, que no es otro que cumplir con su deber con los ciudadanos. El momento actual es, de miseria moral.
Ángel Cornago Sánchez
 

domingo, 9 de julio de 2017

MINDUNGUIS

Mindunguis

No hace mucho tiempo, leí el calificativo que dedicaba una persona se supone que culta e instruida, a intelectuales no conocidos, o a personas que cultivan y trabajan el pensamiento, aunque no están en los podios de la fama, o ni siquiera son conocidos. Los etiquetaba de “mindunguis”, en general, para denostar sus opiniones. Mindungui, quiere decir “don nadie”, persona sin importancia, sin influencia.
Por supuesto, no estoy de acuerdo. Yo creo que casi nadie es “mindungui”, excepto los “faroleros”, los petulantes, que piensan que por su posición o por su título tiene ganada la acreditación de sus opiniones. También, somos testigos con frecuencia, de ídolos de cartón piedra, de papel couché, de tertulianos de muy dudoso nivel, de deportistas, etc que se permiten, fundamentalmente en las televisiones, opinar sobre los más diversos temas, desde los púlpitos que le proporcionan los medios de comunicación, en un enfoque generalmente frívolo.
En mi ya larga vida, he escuchado opiniones agudas, certeras y de análisis inteligente de situaciones, a personas apenas sin formación, y he sido testigo de opiniones vacuas y frívolas de personas con títulos académicos.
El respeto a las opiniones de cada cual hay que ganárselo, no depende de los títulos. De hecho, estamos asistiendo en el momento histórico que vivimos a personas de nivel intelectual muy bajo ostentando puestos de responsabilidad, que piensan que están ahí para sacarnos de la ignorancia y regir nuestros destinos. Creo que nunca ha habido tanto “mindungui” en este país ostentando puestos de responsabilidad. Y lo grave es que, como no podría ser de otra manera, no se saben ignorantes y se creen con derecho a dirigir nuestras vidas. Suelen tener un tufo totalitario y, escasito en valores. Para mí, estos son los verdaderos “mindunguis” que tenemos que soportar.

Ángel Cornago Sánchez