miércoles, 7 de junio de 2017

NO ME GUSTA...

Reflexiones a vuelapluma

No me gustan las personas que se creen superiores por haber nacido en uno o en otro lugar, como si nacieran ungidas con un marchamo de calidad distinta al resto de los mortales.
No me gustan los que desprecian a las personas de raza distinta. Me refiero sólo a la raza. Se puede rechazar su cultura, sus costumbres, si conculcan derechos fundamentales. Eso no es racismo. Las razas son todas respetables. No nos pertenecen, ni las hemos elegido. En esencia y dignidad, ninguna es superior. Unas pueden estar más desarrolladas que otras, pero todas deben ser objeto de respeto.
No me gustan los puritanos que compensan su desprecio con paternalismo, con caridad o con discriminación positiva. El camino es derechos y respeto.
No me gustan, me parecen deplorables, los poderes que tratan de utilizar al ciudadano. Los hay muchos: los poderes económicos, los religiosos fundamentalistas de algunas religiones, los políticos partidistas con sus mensajes perversos.
No me gustan los que no aceptan y discriminan a los homosexuales.
No me gustan los intelectuales vendidos a ideologías, para medrar. Hay muchos, aunque eso, los descalifica como intelectuales.
No me gustan los explotadores. Hay que rebelarse contra ellos. Ni un paso atrás. Sindicatos, pero regenerados. 
No me gustan los militantes de partidos fanáticos de sus ideologías, sin capacidad de autocrítica, aunque con frecuencia no defienden ideologías, sino seguir viviendo del puesto que les ha conseguido el partido.
No me gusta la esclavitud intelectual. Están muertos. No pueden aportar nada a su ideología, ni a la sociedad.
No me gusta el adoctrinamiento “solapado”, ni de religiones, ni de ideologías políticas. Me parece una fechoría cuando lo hacen con niños. Hay muchos ejemplos; algunos próximos.
No me gustan los que pervirtiendo el lenguaje, sin inmutarse, utilizan palabras como “democracia”, “derechos humanos”, “justicia”… y son capaces de las mayores tropelías, incluso son capaces de matar.
No me gustan los que defienden, “el fin justifica los medios”. Puede haber excepciones, pero después de sopesarlo y debatirlo muy seriamente. Hay partidos que lo utilizan como regla y ha sido su filosofía habitual. Los resultados: perversos.
No me gustan los radicales de uno y otro signo que se sienten salvadores de los demás. Suelen ser peligrosos, y los resultados catastróficos. Suelen fundarse en “el fin justifica los medios”, y son capaces de las mayores barbaridades. La historia es tozuda en demostrarlo.
No me gusta los que catalogan a las personas por sus siglas, por sus creencias…
No me gustan los que no tienen respeto a las creencias, y los que no lo tienen a los que “no las tienen”. Es una opción personal e íntima de cada cual.

No me gustan los aduladores para conseguir favores. Hay verdaderos estrategas de la adulación. Me inspiran desprecio. En general, consiguen favores, porque hay muchas personas que les gusta ser adulados para sentirse importantes.
No me gustan los necios con uniforme. Se enaltecen, y utilizan mal su poder. También son muy frecuentes. Se aprecia en su actitud prepotente. Los necios sin uniforme o sin poder, tienen menos peligro.
No me gusta la inconsecuencia habitual. Nadie somos perfecto, pero hay muchos que lo hacen como norma.
No me gustan los resentidos ni los envidiosos.
No me gustan los que, en los debates, ante un argumento del contrario, sonríen con aire de superioridad.
No me gustan los prepotentes.
No me gustan los trepas y los que se arriman al poder.
No me gustan los vagos.
No me gustan los cobardes.
No me gusta la deslealtad.
No me gusta la amistad interesada.
Hay políticos en todos los partidos, cuyo único fin es mantener o conseguir el poder. No buscan la verdad y el bien del ciudadano, sino su propio provecho o el de su partido. Los ciudadanos nos debemos rebelar.
….
No quiere decir que todo lo demás me guste, ni que yo me sitúe en un limbo y que no haya hecho cosas que no me gustan. Las tengo claras y, las asumo.

Preconizo un rearme moral y de valores de la sociedad, y una regeneración de los partidos políticos y sindicatos. Una justicia independiente.
Ángel Cornago Sánchez