viernes, 5 de mayo de 2017

REMEMORANDO CON LOS SENTIDOS. GUSTO Y VISTA

El gusto.
En la especie humana, el gusto es un sentido que junto con el tacto y el olfato podemos considerar como “menores”, comparados con la vista y el oído que parecen ser más esenciales para nuestra supervivencia. Probablemente no somos conscientes de la importancia de estos sentidos “menores”; es posible que por medio de ellos nuestro cuerpo seleccione determinados alimentos que son necesarios o perjudiciales para nuestro organismo; esto en las especies animales es así, sin embargo, en la especie humana, al no tener que utilizarlos como precisos a través de los siglos, hemos ido perdiendo dicha facultad y, en este momento, sólo nos sirven para seleccionar lo más placentero. Actualmente pues, en la especie humana, el gusto es un sentido no fundamental, de tal forma que, podríamos vivir sin el sin problemas graves, aunque probablemente algo se alteraría en nuestro organismo. Por medio del gusto saboreamos lo que estamos comiendo. La ingesta de alimentos imprescindible en nuestra actividad diaria, primero asegura la subsistencia, después selecciona lo que más agrada a nuestro paladar para producir también cierto placer; no nos podríamos alimentar de forma indefinida, ni tal vez durante mucho tiempo, ingiriendo pastillas cuyo contenido incluyese todas las calorías y principios inmediatos necesarios para la actividad diaria. Comer con gusto es sinónimo de salud, y el no sacarle gusto a la comida síntoma de enfermedad física o mental. Por eso, aunque teóricamente podríamos vivir, y seguramente podríamos hacerlo en situaciones extremas o por determinadas motivaciones, no tardarían en surgir alteraciones; la dieta de los astronautas nunca podrá equipararse al momento en que nos ponemos delante de un bocado dispuestos a saborearlo. De hecho muchas obesidades tienen su origen en problemas psicológicos; son pacientes que de forma más o menos consciente compensan lo negativo de sus vidas con actos placenteros, como comer. Probablemente, influye en la salud física y mental.
El gusto es un sentido que apenas deja huella. Es muy difícil reconocer un gusto similar a otro que nos impactó de forma especial cuando éramos niños, más bien van unidos a comparaciones pero no a identificaciones; eso probablemente se debe a que todos los recuerdos van unidos a vivencias impactantes, y el acto de comer que es cuando degustamos, es demasiado primitivo y poco sofisticado como para verse afectado por acontecimientos; cuando estos suceden en el acto de la ingesta, se suspende esta y son otros los sentidos que viven el acontecimiento y por tanto los que quedan mediatizados. Aun así tengo recuerdos que rememoro por el gusto, alguno de ellos tal vez intelectualizado y dominado por un juicio de valor: bueno o malo.

La vista.
La vista es probablemente el sentido básico por excelencia. Su función es la de información. En un medio hostil, sin visión y sin ayuda, moriríamos en poco tiempo. Es fundamental para desplazarse, para defenderse de los enemigos, para buscar comida. Como el oído, está funcionando continuamente excepto durante el sueño, seleccionando y mandando información a nuestro cerebro que este interpreta, selecciona, fija, desecha o almacena. Las imágenes que almacenamos son las que por el motivo que sea han atraído especialmente nuestro interés o las hemos vivido con especial intensidad.
Cuesta trabajo rememorar imágenes que fueron impactantes en su momento a partir de las actuales; la visión puede ser el hilo conductor que traiga a la memoria situaciones similares ya vividas. Otras veces el reconocer los lugares o las personas con las que tuvimos relación hace años, nos sirve como vehículo para recordar el pasado. Emociona ver a alguien que conocimos y con quien tuvimos una relación positiva hace años, pero la imagen visual no es la misma. Lo propio sucede cuando volvemos a un lugar en el que vivimos momentos felices o desgraciados; incluso el más subdesarrollado ha cambiado, unas veces por mejora y otras por abandono.
Se pueden recordar imágenes que nos impactaron en un momento determinado sin necesidad de visualizar situaciones semejantes, aunque traerlas a la memoria siempre es a través de un vehículo del tipo que sea. De esta forma la emoción que experimentamos es el elemento básico del proceso completo del recordar; de hecho cualquier recuerdo se rememora unido a imágenes visuales y a cierto grado de emoción.


REMEMORANDO CON LOS SENTIDOS: EL OÍDO Y EL TACTO.

El oído

El oído es un sentido poco íntimo. Es el sentido de la información por excelencia, que nos sirve para recibir mensajes del exterior, y por su tamiz van a pasar un sinfín de estímulos sonoros, muchos de los cuales lo harán de forma desapercibida, otros se vivirán de forma consciente, y unos pocos se acompañaran de una reacción afectiva. Es un sentido que está funcionando y dándonos información durante todo el tiempo que estamos en estado vigil. Es importante en el desarrollo de la inteligencia, y necesario para la palabra; de hecho, para aprender a hablar necesitamos escuchar nuestra propia voz.
Las palabras, expresiones, tonos, incluso el silencio, tienen una fuerte carga afectiva, pero difíciles de rememorar; sí recordamos el significado de frases concretas que nos impactaron. Sin embargo, es más fácil cuando el sonido es una melodía musical. La música es capaz de cambiarnos el estado de ánimo y de transportarnos a situaciones imaginarias de paz, de intensa emoción, y también de provocarnos desasosiego y melancolía si la melodía rememora tiempos pasados felices que ya no van a ser. La música nos estimula a bailar y a movernos al son de un ritmo determinado. Es una sensación muy primigenia que  aparece en todas las tribus por primitivas que sean.
El oído en el reino animal es el sentido de la comunicación, a través de el se reconocen los sonidos como conocidos o no, como familiares o como peligrosos. Es un sentido fundamental para la supervivencia de muchas especies.
Aunque objetivamente junto con la vista es el sentido por excelencia para comunicarnos por medio de la palabra, no es el más fiable, pues con una mirada, una sonrisa, con los gestos de nuestro cuerpo, podemos comunicar mensajes que incluso pueden estar en contradicción con lo que literalmente estamos oyendo.

El tacto
El tacto es un sentido inmediato; es un sentido que presiento que trasmite algo más que lo que simplemente tocamos. Las manos extendidas son como un radar y, en sus palmas, podemos experimentar las más variadas sensaciones; de hecho, diversas religiones y  técnicas de relajación basan parte de su liturgia en el tacto, así, es frecuente adoptar determinadas posiciones con las palmas de las manos extendidas como intentando transmitir o percibir sensaciones extra-sensoriales.
A través de ellas podemos trasmitir las vivencias más íntimas. Hay tactos de mano con mano, que nos trasmiten sensaciones agradables, de proximidad, de sintonía y otras lo contrario. También, estrechar la mano de otra persona nos hace percibir la actitud de esa persona para con nosotros, incluso nos informa sobre facetas de su personalidad (si es enérgica, afectiva, fría etc.). Sin embargo, son percepciones inmediatas y únicas que es muy difícil volver a revivir, aunque quedarán gravadas en el recuerdo de forma más o menos intensa.