martes, 4 de agosto de 2015

EL CHUTE DEL ENAMORAMIENTO

El chute del enamoramiento.
Ángel Cornago Sánchez
Me voy a permitir hacer unas reflexiones sobre el “enamoramiento”, sensación que, seguro hemos experimentado todos más de una vez. Dentro de unos días, terminará una época propicia por excelencia, en la que muchos y muchas habrán experimentado tan sublime sensación: las vacaciones, aunque también sucede durante todo el año, pero son más propicios los tiempos de asueto y euforia. En estos días hay más desinhibición y, quien más quien menos, está receptivo o receptiva a relacionarse. Muchas mujeres y hombres habrán tenido ocasión de conocer respectivas parejas, y algunos y algunas, habrán sentido ese flechazo que llena de gozo, de felicidad, de ilusión, con la sensación de que han encontrado a la persona de su vida. Está muy bien y, desde luego, hay que vivir el momento, pero darle la importancia que merece, no magnificarla en exceso, o al menos afrontarla con serenidad. Puede ser el inicio de una relación duradera, incluso para toda la vida, o puede ser un espejismo que se irá desvaneciendo. No digo que haya que vivirlo con miedo o con demasiadas prevenciones; considero que hay que vivirlo con la intensidad que en ese momento se sienta, pero no darle carta de validez para formalizar una relación de pareja definitiva, hasta que se pase el momento de euforia.
Aún diría más. Una relación de pareja no debe basarse en el enamoramiento, para que tenga visos de permanencia, y por tanto para formalizarla. El estado de enamorado o enamorada, distorsiona la realidad y nos hace ver hasta los defectos como positivos, o al menos tendemos a minimizarlos. Es preciso tiempo para que desaparezca ese “chute” similar al de la heroína que produce el enamoramiento. Es preciso sedimentar las sensaciones para que desaparezca el momento de euforia y veamos la realidad tal cual es. Lo que va a unir a la pareja después, no va a ser ese estado de embeleso, sino una comunicación profunda y leal, un respeto, y ahí es donde se van creando lazos mucho más profundos de lo que puede aportar el enamoramiento momentáneo, aunque cuando llega, es bonito, hay que vivirlo, y hay que darle la oportunidad para sea para una relación estable, pero también, tener serenidad antes de tomar decisiones trascendentes. Van a ser otras sensaciones las que van a unir a dos personas para poder vivir juntas, tarea complicada y difícil: la lealtad y la confianza para compartir momentos malos y buenos, la comunicación real, la libertad, la sexualidad…; insisto, es muy difícil, pero ese es otro tema…
Ángel Cornago Sánchez