sábado, 18 de octubre de 2014

¿Qué acciones llegamos a ser capaces de realizar?

          Las circunstancias y las potencialidades

 En ocasiones, cuando voy por la calle y me voy cruzando con personas desconocidas, se me ocurre pensar en cómo será la vida de esas personas, cómo será su mundo íntimo, cómo vivirán sus preocupaciones, ansiedades y alegrías, cómo se comportarán en privado, cual será su cara oculta, cuales sus secretos inconfesables. Al verlos así, parece que todos somos similares y que nuestra forma de vivir debe de ser asimismo parecida. Pero no es así.
Aunque el grupo social al que pertenecemos por medio de unos valores establecidos ha creado unas pautas de comportamiento, existen una serie de factores imposibles de controlar que son muy distintos de unas personas a otras: por una parte la estructura psicológica grabada en nuestro código genético que, a su vez, va a ser modificada de forma importante por el ambiente familiar, social y la educación de los primeros años, lo que va a dar lugar a nuestra estructura de adulto mas o menos estable. Sobre esta, van a actuar a su vez las circunstancias de la vida, que para cada persona van a ser distintas, todo lo cual dará lugar a que las vivencias y las formas de actuar sean también distintas al estar manejando diversas variables.
Es similar, en general, la forma de comportarnos como grupo social. Todos más o menos respetamos el ir por las aceras, pasamos por los pasos de peatones, respetamos las reglas de circulación, el horario de trabajo, las llamadas normas de educación, etc. Sin embargo, al vernos así, a todos unificados, casi iguales, tengo que hacer un esfuerzo de imaginación para pensar en lo diferentes que son nuestras sensaciones, nuestras vivencias, nuestros comportamientos en privado, en definitiva nuestras vidas, y qué se encierra detrás de todos esos rostros anónimos que me cruzo cada día. La mayoría son gente que pudiéramos considerar más o menos normal,  con sus fallos puntuales, pero seguro que detrás de esos rostros corrientes y anónimos, me he cruzado con algún ladrón, algún violador, algún pederasta, y, probablemente, con algún asesino.
Cada uno llevamos nuestro mundo interior a cuestas, pero es etéreo, invisible, oculto, sólo enseñamos nuestro lado bueno o neutro como máximo. Todos tenemos nuestros secretos más o menos inconfesables que llevamos peor o mejor asumidos, unas veces superados y en ocasiones vigentes.
Pero, además de violadores, corruptos, ladrones y asesinos confirmados públicamente o no, el resto de las personas que nos cruzamos ¿se puede decir que son  distintos a los anteriores, que son normales, que son incapaces de realizar dichas acciones?
Estoy convencido de que la mayoría no son capaces de hechos inmorales o punibles, pero algunos sí. Las personas que han cometido tales delitos ha sido porque han convergido al menos dos factores: por una parte una estructura psicológica determinada capaz de llevar a cabo tales acciones, y por otra, unas circunstancias que les han permitido llevarla a cabo. Por eso entre todas estas personas que nos cruzamos, teóricamente sin tacha, hay algunas con estructuras psicológicas capaces de acciones detestables. Habrá dictadores, ladrones, corruptos, incluso asesinos; en apariencia, únicamente se diferencian de los anteriores en que no se han dado las circunstancias que favorezcan el que den rienda suelta a sus instintos.
Esto es fácil de ver en la vida diaria y en la reciente historia. Muchas personas que consideramos normales, consiguen alguna cota de poder y se comportan como corruptos o como dictadores. Nos es muy difícil entender cómo hay individuos que en situaciones de crisis social o de guerra, matan a sangre fría incluso a mujeres y a niños, y sin embargo esto sucede y no precisamente de forma aislada, sólo tenemos que volver la vista a nuestro entorno, a la historia, y actualmente a muchos países en el mundo. Existen muchos asesinos en potencia, muchos fanáticos, que sólo necesitan una motivación para justificar sus barbaridades, con la circunstancia agravante además de que en su fuero interno pueden llegar incluso a sentirse héroes. No existe ninguna diferencia entre los asesinos de uno u otro bando que en la guerra civil eran capaces de sacar a personas de sus camas y fusilarlos en las cunetas de las carreteras o en las tapias de los cementerios, simplemente por su ideología, o los asesinos que matan de un tiro en la nuca; todos ellos tenían y tienen la excusa de la lucha por un “pretendido ideal”. Suelen ser fanáticos manejados desde los despachos por otros asesinos más sofisticados. Esta gran diferencia entre las estructuras psicológicas de las diferentes personas se muestran, fundamentalmente, en situaciones límite, en situaciones de crisis social o personal, o cuando la presión de las circunstancias es muy fuerte.
Lo mismo que hay muchos asesinos en potencia, también hay personas que no han podido desarrollar sus aptitudes positivas porque no se han dado las condiciones adecuadas. Se pierden sabios, pensadores, artistas, etc. porque no han tenido las circunstancias propicias para desarrollar sus aptitudes. También detrás de esas caras  anónimas existen muchos hombres y mujeres buenos y honrados, que constituyen la mayoría, y algunos que son capaces de importantes acciones de solidaridad e incluso de acciones heroicas.
Cuándo estamos en una plaza llena de gente desconocida, estamos rodeados de potenciales héroes, potenciales sabios, en general de gente buena, pero también por potenciales asesinos. Nosotros  ¿de qué seríamos capaces dependiendo de las circunstancias?
Ángel Cornago Sánchez, De mi libro "Arraigos, melindres y acedías".

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