jueves, 13 de febrero de 2014

Expertos y poderes

Expertos y poderes

Estamos en un mundo en el que priman los poderes económicos que manejan a los poderes políticos  y a los poderes judiciales a través de los poderes políticos. Esto es así, y para convencerse solo hay que observar nuestro país, aunque también se da en otros muchos, pero tal vez no con tanta virulencia y descaro.
¿Quién puede entender que la banca condone millones de deuda a los partidos? Eso no es a cambio de nada.
Los sistemas de los partidos son piramidales. Existe una oligarquía donde se trasmiten las líneas y opiniones y, “el que se mueve no sale en la foto”.  Los cargos, fuera de la oligarquía, deben ser meros transmisores de consignas, no les interesa que tengan ideas propias. Por eso no les interesan las listas abiertas.
El poder judicial, teóricamente independiente, basamento del un estado de derecho, esta politizado. Determinados jueces emiten sentencias sorprendentes dependiendo de sus simpatías políticas. El Poder Judicial, es elegido por los partidos. Un escándalo de  tales proporciones, que si no estuviésemos adormecidos por tanto abuso, no deberíamos consentir. También hay muchos jueces honrados, cuya tarea es muy difícil por las presiones de uno u otro lado.
El sistema está gastado y no sirve; es preciso nuevos políticos y nuevos partidos con otra forma distinta de estructurarse, y sobre todo con principios éticos y no partidistas a la hora de defender sus ideas y alcanzar el poder. Los salvadores extremistas de izquierdas y de derechas: peligrosos, nos llevarían al desastre.
Los expertos, es una forma ladina, de utilizar al ciudadano para dirigir nuestras opiniones con fines diversos, ideológicos, o económicos dirigidos al consumo de determinadas sustancias para enriquecer a grupos económicos determinados
Los expertos son personas con conocimientos muy por encima de la media sobre determinadas materias. Se puede decir que un experto conoce todo lo que se sabe de la materia en la que está especializado, hasta los máximos avances.
La autoridad de un experto emerge de ese saber especial, y su magisterio, sienta cátedra sobre la materia en cuestión. Ese magisterio o ese pronunciamiento del experto, si se le da publicidad en los ambientes del área de influencia, crea estado de opinión en los ciudadanos, y tiene repercusiones sobre decisiones ideológicas, económicas, o de consumo.
Si los expertos lo son realmente y son honrados, es un excelente medio para hacernos partícipes de su sabiduría, para abrirnos perspectivas sobre las materias en cuestión, y que así tomemos las decisiones más adecuadas a la hora de asumir una idea o decidir un consumo, pero, en no pocas ocasiones, los expertos dependen directa o indirectamente, de los propulsores de ideologías o de grupos económicos que les interesa lanzar tal o cual sustancia para el consumo, o tal o cual idea a la opinión pública. Incluso algunas investigaciones están sesgadas por intereses. Es otra de tantas perversiones que se dan en la sociedad actual para utilización de los ciudadanos.
Hay muchos expertos honrados trabajando,  y muchos de ellos investigando en silencio, y gracias a su trabajo, las ciencias, la medicina y la tecnología, ha avanzado en último siglo. En general tienen poco reconocimiento social ni económico, por que los ídolos sociales, en este momento histórico que estamos viviendo, son de cartón-piedra.
Considero que debemos ser críticos con todo lo que vamos a asumir como nuestro.
Ángel Cornago Sánchez


domingo, 9 de febrero de 2014

Los altos

Los altos.-

Cuando era niño, asociaba con lógica, la estatura y el poder. Los niños mayores dominaban a los más pequeños y, si teníamos un hermano, primo o amigo mayor que nosotros, nos sentíamos protegidos. Esa sensación de protección era mucho mayor si estábamos bajo la tutela de un adulto.
Se dice que en la niñez se graban las sensaciones y muchas formas de comportamiento que van a regir durante nuestra vida. Recuerdo de entonces, que aquellos niños mayores que hacían gala de su poderío físico ante los que éramos más pequeños, con los que la lucha era desigual, producían en mí sensación de repulsa; esto no les sucedía a todos, pues algunos eran mucho más prácticos e intentaban hacerse sus amigos a toda costa, para de alguna forma, ser partícipes de su poder o al menos no tenerlos en su contra. Estos comportamientos más o menos, se irán reproduciendo en la edad adulta, donde pululan en todos los ambientes los oportunistas que se arriman al poder de turno y están dispuestos a medrar a costa de lo que sea. A muchos se les veía venir ya desde pequeños.
Era muy niño, tenía diez años, y en el colegio de jesuitas un chico de cuarto, de los desarrollados, no sé por qué motivo le estaba pegando una paliza soberana a un compañero de clase amigo mío; estaba sintiendo pavor por aquella tortura que estábamos presenciando, como yo, otros amigos, y en un gesto que pensé iba a ser secundado por los demás, pretendí liberar a mi compañero de aquella situación y me lancé por detrás a colgarme del cuello de aquel energúmeno. El resultado no pudo ser peor para mí, porque el susodicho, enfurecido, soltó al otro para defenderse de mi ataque, momento que éste aprovechó para salir corriendo junto con los que estaban presenciando la pelea. No recuerdo la paliza que me dio, aunque me lo puedo figurar, pero sí sé me quedó grabado aquel acto de insolidaridad, casi de traición, que me dolió mucho más que los golpes, y que sigo recordando cuando viene a cuento.

Ángel Cornago Sánchez. De: "Arraigos, melindres y acedías"