lunes, 14 de octubre de 2013

Las creencias. Reflexiones para la vida cotidiana


LAS CREENCIAS

 

Recientemente, se ha debatido sobre conveniencia de la laicidad o no de los estados. Disponemos de poco espacio para razonamientos, pero baste decir, en mi opinión, que en una sociedad multicultural, el Estado debe ser laico. Otra cosa muy distinta es que a los colegios que no sean públicos, se les obligue a no impartir las enseñanzas que profesen o a que retiren los signos o emblemas de su religión, siempre que ese centro educativo, respete los principios de convivencia y no sirva apara alimentar ideas extremistas. Los colegios públicos deben ser láicos. Todos los colegios, también los públicos, además de respetar las creencias de sus alumnos, deben formar en derechos fundamentales y no en adoctrinamientos sectarios. Se debe educar en valores universales, de respeto, convivencia, solidaridad, justicia social, esfuerzo, trabajo bien hecho…, es decir en algo que trasciende lo meramente material y utilitarista. Por supuesto los padres son los máximos responsables y garantes de lo que desean para sus hijos, y sólo debe intervenir el Estado cuando se conculquen derechos o deberes universales.

Nuestra vida es algo más que materia. Somos, además de razón, sentimientos, sensaciones que nos llevan a trascender de lo meramente físico y de lo meramente individual. Necesitamos emocionarnos ante los afectos, ante el arte, ante las maravillas del mundo, sentirnos solidarios con nuestros semejantes, regirnos por códigos éticos que no están escritos pero que todos sabemos que debemos cumplir, excepto en la sociedades decadentes en valores, como puede ser la actual. Necesitamos tener valores arraigados, ser críticos con los poderes de turno, tener ideales individuales y sociales. Esto no es religión, lo debemos sentir independientemente de que seamos o no creyentes. Sería trascender de lo material y de lo meramente individual. Sería parte de lo que podemos llamar espiritualidad, que no es sinónimo de religión.

Hay muchas personas que además, su espiritualidad la apoyan en creencias de una religión determinada. El problema es que las religiones se han utilizado, en muchos momentos de la historia, para tener controlado al ciudadano o para conseguir o mantener poder. Es la perversión de las religiones. Bien enfocadas, sin fundamentalismos, sirven de consuelo y ayuda en los momentos malos que a todos nos toca vivir. Como ejemplo, se ha demostrado que los pacientes terminales llevan mejor los últimos meses de sus vidas si tienen creencias.

Las personas que profesan una religión, salvo excepciones, asimilada de forma correcta, no hacen daño a nadie por el hecho de ser creyentes. Las religiones que predican valores de respeto y convivencia, la no violencia, valores sociales…, como el cristianismo, los creyentes, si cumplen sus preceptos, serán buenos ciudadanos y, además, les permitirá en muchos momentos de sus vidas afrontar los sinsabores de forma más llevadera.
La vida no es solo materialismo. El tener valores también es ser creyente, aunque no se profese una religión determinada.

 
Ángel Cornago Sánchez